
Por otra están los puntos, ansiados por todos. Los hay por proximidad al trabajo o al domicilio, por familia numerosa, porque algún familiar sea ex alumno del centro, por alergias, etc. Los padres matan por estos preciados puntos. Son tan codiciados que algunos pagarían por ellos en el caso de que se pudiese (invagínense, se crearía un verdadero “tráfico de puntos”). Según me comentan, hay gente que porque su hijo sea admitido en el centro solicitado en primera opción, daría un brazo, haciendo completas barbaridades, interpretando los requisitos a su antojo. En fin, una verdadera burocracia educativa la que se cuece estos días.